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La 'trifecta' imposible y la violencia

Columnas » Publicado el 14 Junio, 2012 por Rafael Cardona
Como todo villamelón de hipódromo, si esa expresión existiera más allá de la inventiva de esta columna, Calderón ha llegado a la taquilla de las apuestas y con una aparente dosis de candor ha apostado por los tres punteros en una carrera de tres potros y una yegua

Tres han sido las intromisiones quizá indebidas (aunque no necesariamente ilegales) del presidente Felipe Calderón en el tramo final del proceso electoral. Y en todos los casos, como resulta obvio, han sido para favorecer a su candidata afectada por una grave crisis de anemia política y anorexia conceptual.

Primero Calderón, durante un viaje al extranjero, señaló cómo en este país nadie protesta contra el Presidente de la República (o sea, él) y sí marchan por las calles en contra de otros (actores políticos), dijo en clara alusión a Enrique Peña hostigado por el movimiento “amloísta” del 132.

Poco tiempo le duró el gusto: los mismos levantiscos de la herencia Ibero pidieron contra él un juicio político, por la bagatela aquella de los 60 mil muertos, cifra con la cual se irá a la historia, lo quiera o no lo quiera. Y no significa culpabilidad suya; significa simplemente el rostro del sexenio.

Pero poco después don Felipe salió con una inusitada aportación a la intrusión en el juego electoral. Mientras los candidatos debatían (o hacían como si debatieran) en la ciudad de Guadalajara él se metió mediante su cuenta de Twitter a rebatir las cifras ofrecidas por Andrés Manuel en torno de los imaginarios ahorros derivados de una austeridad juarista y trasnochada; mal comprendida y peor sumada.

De alguna manera le estaba pasando un “acordeón” a Chepinita, quien además de su melosidad y sus juegos de “vamos todos a disfrazarnos de mujercitas e imaginar cómo nos veríamos con enaguas”, no tuvo mayores momentos de brillo en la múltiple discusión.

Y luego se hizo del asunto un caso de política hacendaria, en el cual el secretario del tesoro nacional, José Antonio Meade, sacó el ábaco y le demostró su falacia populista al tabasqueño. Pero ésa es otra cosa.

Después Calderón se echó otro pequeño trompo a la uña: ha descubierto la “trifecta” electoral: tres son los punteros y evidentemente entre ellos no aparecería el hombre de paja de doña Elba, el tuerto en la tierra de los ciegos, Gabriel Quadri.

Como todo villamelón de hipódromo, si esa expresión existiera más allá de la inventiva de esta columna, Calderón ha llegado a la taquilla de las apuestas y con una aparente dosis de candor ha apostado por los tres punteros en una carrera de tres potros y una yegua.

Obviamente su verdadero mensaje ha sido otro: Josefina, a quien había abandonado cuando quizá su auxilio le resultaba más necesario, y en el ámbito donde la debió apoyar (adentro del PAN), no está muerta.

Nomás parece.

Y esta sería una buena ocasión para ofrecerle a don Felipe el premio Nobel de la obviedad: la elección, dijo, se resuelve el 1 de julio en las urnas.

¿De veras?

CORRETIZA

Como sucedió en Querétaro ahora el convoy de Enrique Peña ha sido zarandeado en Puebla. La violencia con sus funestas consecuencias se asoma a cada paso del candidato tricolor, lo cual no hace sino encender las luces de alerta en torno de riesgos mayores.

Peña, como parte del guión de tranquilidad aparente, ha desestimado la gravedad de los hechos y con espíritu casi de monje zen, ha dicho calmado:

“No caigamos en provocaciones… el día de hoy, lamentablemente, tuvimos ahí, de verdad, un pequeño incidente, no mayor, no llegó a más. En parte se entiende, porque en la medida que estamos cada vez más cerca de la elección, y porque evidentemente vamos adelante en las encuestas...”.

Y esa actitud resulta conveniente hacia afuera, pero hacia adentro es necesario tomar medidas urgentes para “blindar” las siguientes dos semanas.

Obviamente la naturaleza del movimiento 132 ha quedado claramente al descubierto: es parte del activismo de Morena, cuya intención, como he os dicho desde tiempo atrás en este espacio, es atraer el voto de los jóvenes. Y ofrecerles una “heroica” oportunidad de cambiar el derrotero de la historia, es una buena estrategia en la cual contaron el típico doblez de los jesuitas de la Iberoamericana.

La invención del grupo “Generación MX”, cuya organización simplemente no tuvo éxito, permitió a pesar de todo algo: dejar testimonio del secuestro de los fines del movimiento 132 cuyo momento estelar ya se prepara con la llegada de Camila Vallejo, la “top model” de la revolución estudiantil chilena cuyo activismo desde las filas del Partido Comunista ha puesto en jaque al gobierno de Santiago.

Por ahora y ante el vandalismo de las asechanzas contra Peña, el colectivo ha emitido este documento:

“Ante los hechos suscitados el día de hoy en Puebla donde, se presentaron actos violentos e intolerantes por parte de personas que dijeron ser integrantes del movimiento #YoSoy132 en contra del candidato priista a la Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto, la totalidad del movimiento rechaza y condena dichos actos, dado que contrarían la esencia pacífica que se promulga y defiende… desconocemos a todos aquellos que se conduzcan de esta manera, dejando clara nuestra conciencia del peligro que Implica caer en estas prácticas”.

¿Usted les cree a los del 132?

Yo tampoco.

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