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Un PAN de Alzheimer (Segunda parte)

Columnas » Publicado el 23 Julio, 2012 por Francisco Solís Peón
En la anterior entrega recordábamos cómo llegó el partido acción nacional a la difícil situación en la que se encuentra ahora. Carlos Castillo Peraza, lo enunciaba de manera inmejorable: “Ganar el gobierno sin perder el partido”, la segunda parte del silogismo nos la confesó a algunos de sus alumnos en agosto del 2000: “Cuando Fox acabe con esto perderemos el gobierno y ya no tendremos partido”. Curiosamente no fue Fox quien desmanteló el aparato de poder panista dejando al partido en situación de desastre, la culpa recae hoy en el discípulo amado de Castillo Peraza: Felipe Calderón.

No es casual que los dos mandatarios de extracción panista nunca se llevaran, ambos representan dentro del instituto político, algo más que dos corrientes, son dos vertientes distintas de entender la política e incluso con diferencias importantes en lo que respecta al modo de entender la vida. No voy a caer en complejas elucubraciones teóricas, pero si vale un paralelismo, toda proporción guardada se trata más o menos de las mismas diferencias que guardan franciscanos y jesuitas con legionarios y el oupus dei, todos obligados a convivir en el seno de la Iglesia católica.

La ruptura definitiva de Fox y Calderón se veía venir desde la cuestionada expulsión de Manuel Espino y el guanajuatense sólo esperó la oportunidad para asestarle al presidente una puñalada certera pero no mortal, el proyecto político de Felipe, ya se encontraba desahuciado.

La verdad es que de aquí en adelante el PAN debe tomar consciencia de que es necesario un examen a fondo, que les permita realizar un diagnóstico de lo sucedido, no sólo en las pasadas selecciones del 1 de julio, sino en los últimos 12 años.

El mejor análisis proviene del vocero de la presidencia durante los tres años de Fox, Rubén Aguilar Valenzuela: “La derrota del PAN tiene muchas madres y padres: la gestión de Calderón y su absurda guerra; las divisiones internas del PAN; la conducción del partido; la plataforma ideológica que cada vez es más conservadora ante los cambios culturales del país; la lejanía de los sectores populares; la elección de los candidatos; la candidata Josefina Vázquez Mota; el equipo de campaña que se integró; la estrategia que optó por la continuidad”.

Es necesario asumir los errores cometidos y realizar los cambios ideológicos y estructurales necesarios, para acceder nuevamente no sólo a los gobiernos de los estados perdidos como Morelos y Jalisco sino también obtener mayor presencia a nivel nacional.

Es ineludible la formación de una nueva generación de panistas preparados para ser líderes y gobernantes comprometidos con la sociedad y los cambios que ello representa. Esperemos que los dirigentes del PAN tomen las decisiones correctas que logren curar o por lo menos sobrellevar el Alzheimer que el partido ha sufrido durante los últimos años.
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